sábado, 24 de agosto de 2013

[Super Junior + MBLAQ] Manos de pianista: capítulo 1

Por @Ari2PMAM

No sacar ni publicar en otro lugar sin permiso de la autora y sus respectivos créditos


Capítulo 1

            Estaba agotada, aquella mañana las clases le habían resultado pesadas de dar, aunque en parte era debido a la mala noche que había pasado. Sabía que había soñado con alguien que conocía pero no recordaba quién. En ese sueño lo pasaba realmente mal y cuando se levantó, estaba más agotada que cuando se acostó.
            Ahora, por fin a solas y en silencio en su despacho, se tomó una pastilla para el dolor de cabeza que tenía, se sentó un momento para reunir fuerzas e ir a continuación a por Jo Wook para comer. Salió y se dirigió al ascensor, porque no le apetecía nada subir por las escaleras, aunque era sólo un piso. Al llegar arriba se encaminó al Departamento de Musicología hasta dar con su despacho. Llamó y antes de que le dijese nada, apareció en el quicio de la puerta como hacían siempre el uno con la otra.
            — Vaya, lo siento, no sabía que tenías visita. Me voy y…— Ya se estaba retirando pero Jo Wook no lo permitió.
            — Pasa, no hay problema, es un viejo amigo y de todas maneras quería que os conocierais— Esbozaba una gran sonrisa, se acercó hasta ella tapando a su amigo y la hizo adentrarse en el despacho hasta quedar a la altura del visitante, que se giró en ese momento para verla, dejándola tan estupefacta que se hubiese ido al suelo si Jo Wook no la hubiese estado sosteniendo.
            Allí, ante ella, estaba él, Heechul, el hombre del que se había enamorado hacía tanto tiempo. Lo había visto evolucionar a lo largo de todos esos años y no podía creer que lo estuviese viendo en persona. Aunque enseguida se dio cuenta de que no era el mismo que conocía. Sus ojos estaban vacíos, su sonrisa era un rictus de cinismo. Al estudiarlo con calma en el silencio que se instaló en el lugar, se dio cuenta de que no quedaba nada del muchacho que había sido.
            Heechul, mientras tanto, maldecía en silencio a Jo Wook por haberle invitado a comer. Sabía que no debería de haber aceptado pero se convenció de que debía de salir y tratar de distraerse. Lo que no se esperaba es que se fuese a encontrar con una cita a ciegas. No tenía ganas de salir con más mujeres, estaba harto, pero al verla, se dio cuenta de dos cosas. Una, era muy clara: Occidental y la otra, que lo conocía de sobra al ver aquella cara de estupefacción.
            — Heechul hyung, permite que te presente a Inma. Es profesora de español en esta facultad y es una gran fan de Super Junior desde hace muchos años. — Al escuchar esas últimas palabras, pudo reaccionar y arrearle un codazo en el estómago a Jo Wook  por tener la lengua demasiado suelta. — Vale, hoy me toca a ir a mí a por la comida, así que os dejo un rato a solas para que os vayáis conociendo y que así la comida sea más distendida. — Cogió su bolsa a toda prisa y salió de allí a la carrera sin que a ella le diese tiempo a pararlo.
            Un silencio incómodo se instaló entre ellos y ella se dio cuenta de que él abandonaba su rostro para inspeccionar con calma el resto de su cuerpo. Aquello le produjo cosquillas en el estómago pero al mismo tiempo le resultó ofensivo, al ver su expresión cínica. Así que decidió reunir todo su valor y pasar al ataque para tratar de ganar terreno.
            — ¿Piensas quedarte callado todo el rato? — Su tono era belicoso, se había cruzado de brazos y se apoyó contra una de las estanterías en frente de donde él estaba sentado
            — La verdad es que no tengo gran cosa que decir. Estoy harto del acoso de las fans y suponía que en cuanto te recuperases del estupor, empezarías con el mismo bombardeo sin sentido que las demás fans— Su tono burlón y de hastío la enfadó mucho más, sobre todo, al ver la postura que adoptaba en el sillón. Había cruzado las piernas y en los brazos del sillón apoyaba los codos, mientras mantenía las yemas de sus dedos unidas y la miraba por encima de ellas con sorna.
            — Pues no nos deberías de medir a todas por el mismo rasero. Que la mayoría de fans coreanas estén como cabras y carezcan de cerebro, no significa que eso se nos pueda aplicar a las occidentales, y más aún a las españolas. — Estaba realmente enfadada y lo miraba con el ceño fruncido.
            — Verás, las occidentales tenéis fama de ser mujeres fáciles y supongo que las españolas lo mismo ¿eres una de esas? — Se levantó con la elegancia de un felino y se fue acercando a ella, hasta quedar lo bastante cerca como para sentir su respiración— ¿No te gustaría acostarte conmigo e ir presumiendo por ahí de haber logrado seducir al gran Heechul? — Mientras decía esto último, le cogió un mechón de cabellos y la miró con cierto interés burlón. Ella se irguió todo lo que pudo y con calma le apartó la mano de su cabello y le dio un sonoro bofetón que le dejó su mano marcada en la mejilla. Eso lo pilló desprevenido y la miró consternado. Nunca ninguna mujer se había atrevido a hacerle eso pero allí estaba ella que lo miraba con furia y desprecio, respirando de manera agitada y temblando mientras contenía su furia.
            — Que te quede claro, no soy de esas pero lo que tenéis que aprender los hombres, es que nosotras tenemos la misma libertad para acostarnos con quien queramos y cuando queramos sin que nadie nos diga nada por ello.
Además, ¿gran Heechul? — Lo miró con sorna de arriba abajo— Puede que eso se te pudiese aplicar hace unos años pero ahora sólo eres una cáscara vacía de todo sentimiento, nada queda de aquel que enamoraba a todo el mundo. Sólo te regodeas en tu desgracia y no luchas por salir adelante. No tienes fuerza de voluntad, eres un maldito cobarde que no atreve a coger el toro por los cuernos y enfrentar las cosas. Ahora sólo das pena y asco— y de un empellón lo mandó de nuevo al sillón, mientras cogía sus cosas y se largaba de allí, casi al mismo tiempo que Jo Wook entraba en el despacho.
            — ¿Qué…?— Se quedó mirando la puerta vacía y luego pasó a Heechul, que mostraba algo de asombro pero estaba dominado por la furia.
            — ¿Se puede saber qué armaste hyung? — Jo Wook lo sabía pero no se lo podía creer. Conocía su estado y por eso había planeado aquello. Porque sabía que ella le haría bien.
            — Nada, sólo una pequeña diferencia de opinión en un tema sin importancia— y dando el tema por concluido se giró a mirar por la ventana.
            — ¿Pequeña diferencia de opinión? — Dejó la comida sobre la mesa y lo enfrentó— Mírame cuando te hablo— Aquel comportamiento sorprendió a Heechul.
            — ¿Así le hablas a tu hyung? —Se estaba enfadando aún más viendo el modo en que ahora lo trataba Jo Wook, como si fuese un niño pequeño que tuviese que rendir cuentas a su padre por haber hecho una trastada.
            — ¿Mi hyung? ¿Qué hyung si se puede saber? Aquí no está aquel muchacho que me ayudó durante el servicio militar y que se convirtió en mi hyung. Ahora sólo veo a alguien que se revuelca en su autodesprecio. Sabía que estabas mal y te quise dejar tiempo y espacio para ver si te recuperabas. Hace seis meses que conozco a Inma y la interrogué las suficientes veces como para saber que no pertenece al grupo de mujeres a las que estás acostumbrado. Tu cerrazón a encasillarlas a todas en el mismo grupo, logró herir a una gran muchacha, cuyo mayor sueño era poder conocerte. Te admiraba, eras su favorito, su gran amor. Sabía que ella podía devolverte esa ilusión perdida, pero ¿qué hiciste? En vez de tratarla con respeto e intentar conocerla, no, la trataste como al resto de putas a las que estás acostumbrado. Puede que ahora no te arrepientas, pero luego sí que lo harás, porque me encargaré de restregarte por la cara lo feliz que hace a otro hombre y lo feliz que es ella habiéndote olvidado. Ahora márchate de aquí antes de que te parta la nariz de un puñetazo y no vuelvas hasta que mi hyung esté de regreso y te hayas disculpado como corresponde con Inma, porque sin duda es a la que más daño le hiciste— Estaba realmente enfadado y su respiración era rápida. Heechul se le quedó mirando, se puso en pie, cogió su chaqueta y salió del despacho.




Inma estaba conmocionada por lo que hacía un rato había sucedido en aquel despacho. No se lo podía creer, el muchacho al que vio cambiar hasta convertirse en hombre. Aquel al que había querido durante tantos años, al que había extrañado durante su estancia en la mili, lo había conocido y su sorpresa no pudo ser más desagradable. Era un monstruo vacío de todo buen sentimiento. El Heechul que tanto había querido había desaparecido.
            La pelea que habían mantenido fue realmente desagradable y turbadora. Nunca pensó que algo así le pudiese suceder. Conocer a uno de sus grandes ídolos y en vez de ser un encuentro feliz para recordar el resto de su vida, se convirtió en un lodazal en el cual todos sus sueños e ilusiones sobre él habían perecido.
            Ahora mismo sus nervios estaban destrozados. Necesitaba estar a solas, pero no en su apartamento, donde se sentiría encerrada. Así que se dirigió a aquel parque. Un lugar donde había encontrado un lugar perfecto para estar sola sin que nadie la molestase tiempo atrás. Cuando llegó allí, se dirigió a la carrera a su refugio. Le daba igual que la gente la mirase, necesitaba estar a solas porque las lágrimas empezaban a acudir a sus ojos, mientras el enfado iba cediendo paso a la tristeza y a la decepción. Apenas se había sentado y las lágrimas manaban de sus ojos como si fuesen ríos en época de crecida.
            Se levantó porque no podía seguir sentada debido a la rabia que estaba dominando su cuerpo.
            — Maldito seas Heechul. Te convertiste en un ser despreciable. Un maldito cabrón sin sentimientos, un bloque de hielo, un cerdo egoísta, un misógino al que con gusto le partiría la cara. Te odio, te odio y te odio, gilipollas de mierda ¿cómo te puedes haber convertido en alguien tan despreciable?
            Mientras tanto, en la linde del bosquecillo que rodeaba aquel pequeño refugio, alguien observaba a aquella extranjera. Hablaba casi a voces pero lo único que entendió fue el nombre de Heechul y por su actitud debería de estar maldiciendo a todos sus antepasados. Eso le hizo sonreír de medio lado pero sin humor. Al parecer era cierto lo que se decía, que Heechul últimamente sólo sabía acabar con cuanta persona se le pusiese por delante y le entrase de manera torcida.
            La observó de manera más detenida y se dio cuenta de que no era precisamente el tipo de mujer a la que seduciría para pasar un buen rato y luego dejarla. En aquella se notaba que había fuerza y un carácter muy fuerte. Se dio cuenta además, de que la pena que reflejaba, no era la de una mujer abandonada después de una noche de pasión creyendo que al día siguiente habría algo más. La pena que transmitía era la de alguien que perdió a un ser querido. Echó la cabeza a un lado y se preguntó si acaso era una fan a la que Heechul había tratado mal porque ella fue muy pesada o si lo había acosado.             Demonios, todas aquellas cábalas le estaban volviendo loco. Nunca había prestado demasiada atención a aquellos temas pero algo en aquella mujer hacía que no le pudiese quitar ojo de encima. Vio que al final suspiraba y se sentaba pero su ceño fruncido indicaba que estaba planeando un asesinato, muy posiblemente el de Heechul, lo que le hizo sonreír. Sentía la suficiente curiosidad como para acercarse a ella, aunque no sabía en qué idioma iban a hablar. Escuchó cómo le sonaba el teléfono y se quedó en su sitio para ver si se enteraba de lo que iba la conversación y para su más absoluta sorpresa, aquella mujer se puso a hablar en coreano. Sabía que no era educado escuchar las conversaciones ajenas, pero bueno, hacía tiempo que no se sentía tan tentado por nada ni por nadie y quería disfrutar de aquello.

            — Sí, dime Jo Woon… No tranquilo, no es tu culpa, lo hiciste con la mejor intención pero no salió bien. La culpa sólo es de él, así que no te preocupes ¿vale?... Tranquilo, estoy bien, sólo algo alterada pero enseguida se me pasa, así que cálmate…Deja de disculparte, porque el que tiene que hacerlo es él, no tú ¿entendido?... Hala, hasta mañana y deja de darle vueltas a la cabeza con ese tema…Adiós. — Colgó y se sentó en el banco. Echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y suspiró intentando dejar la mente en blanco y calmarse.
            — Perdona ¿estás bien? — Se había acercado a ella de manera sigilosa, para no darle tiempo a reaccionar hasta que estuviese justo a su altura y logró sus propósitos. Aunque cuando le vio los ojos, se dio cuenta por su reacción, que lo conocía, ya que se quedó estupefacta. — Tranquila, soy real, no estás sufriendo alucinaciones— y esbozó una sonrisa que le provocó un vuelco en el estómago.

miércoles, 21 de agosto de 2013

[TEEN TOP] TO YOU: Capítulo 8

Por @Jeannelok y @Ari2PMAM

No sacar ni publicar en otro lugar sin pedir permiso a las autoras y dar los respectivos créditos.



Capítulo 8

Una semana nueva comenzaba, y a pesar de todo lo sucedido la anterior, debían seguir ensayando. Al día siguiente del asalto a Chin Hae, los medios de comunicación no habían tardado en hacerse eco sobre un accidente sucedido en relación con el grupo, pero por suerte lograron ocultarlo sin lllamar demasiado la atención. Habían mentido diciendo que un trabajador de la compañía había sufrido un percance cuando se encontraba con los chicos y que por eso ellos habían ido a verle al hospital.

Niel estaba muy enfadado, porque a causa de ello no había podido ir a visitar de nuevo a la chica. La llamaba casi cada hora, al menos hasta que ella le suplicó que se relajase, asegurándole que estaba bien y que le darían el alta pronto. Sabía que no era mentira, pues al no tener problemas internos, pronto la dejarían marchar. No obstante, daba igual, pues no quería ir a visitarla a casa. Sabiendo que todo había sido cosa de una sassaeng, lo último que podía hacer ahora era ir a visitarla a su hogar. Quién sabía si lo descubrirían e irían a buscarla incluso allí. No, de momento debía confiar en que Tae Chul, que al fin y al cabo era su novio, cuidase adecuadamente de Chin Hae.

Él era sólo un niño, un crío que no podía hacer nada por su noona, más que seguir dándolo todo en su trabajo, ante las fans, y encontrar a la culpable de todo aquello y hacerla pagar. No habría piedad para alguien así, capaz de golpear a sangre fría a una persona por envidia. No podía perdonarlo.

La noche anterior, había hablado por teléfono largo y tendido con su madre. Aunque la llamaba cada día, no era común que hablasen más de quince minutos, incluido unos cuantos con su padre. Después de varios días viviendo en tensión y sin encontrar a la culpable, pues las cámaras de seguridad no habían podido grabar su cara aunque sí la escena, el hablar con sus padres le había relajado. Era algo que necesitaba de verdad y le había sentado como un bálsamo sobre esas dolorosas heridas internas.

La culpabilidad era muy pesada. Sabía que en realidad no era su culpa lo que le había sucedido a Chin Hae, pero una parte de su interior le gritaba que de no ser por él, nunca la habrían dañado, y se sentía despreciable.

Los demás estaban haciendo vida normal, aunque estaban preocupados. También sabía que en parte intentaban llevarlo con la mayor naturalidad posible por él, pues era el que peor lo estaba pasando. En la compañía, casi todo el mundo conocía la buena relación que tenía con Chin Hae. Nunca nadie se había dedicado a ensuciarla, pensando que había algo más allá que una gran amistad entre ellos.

Niel la quería mucho. Pero no como mujer. Respetaba a su pareja y la relación que tenían sobre todas las cosas, porque sabía que él la quería y cuidaba bien. Nunca se habría atrevido a meterse por medio, aunque hubiese estado enamorado. Entonces, por qué tenía nadie que enturbiar su relación… ¡¿por qué habían tenido que hacerle daño?!

—¡¡Niel!!—se dio de bruces con la realidad cuando el coreógrafo le gritó— ¡Lo estás haciendo mal de nuevo! No es tan difícil. Has aprendido más rápido pasos mucho más difíciles que éste, ¿quieres hacer el favor de concentrarte?—levantó el rostro para encarar a sus compañeros, y se dio cuenta de que les daba pena. Se mordió el labio inferior, dedicándoles una pequeña reverencia de disculpa.

Tenía que centrarse. Fallando a todo el mundo, no conseguiría que Chin Hae se recuperase antes de los golpes recibidos.

Logró mantener la cabeza fría durante las siguientes tres horas que estuvieron ensayando sin descanso. En realidad, se le pasaron tan rápido que no fue hasta que detuvieron la música que sus músculos le fallaron y el cuerpo le cayó, pesado, al suelo. Jadeaba.

—Muy bien chicos. El baile es un poco difícil, pero siendo vosotros sé que lo haréis bien. Tenemos unos tres meses por adelante para que perfeccionéis los pasos y sobre todo, os coordinéis. —Los animó el coreógrafo.

La pierna de Chunji estaba recuperada, sin embargo preferían no forzarlo por si se le resentía, así que cuando acabaron, se unió a escuchar las palabras del chico. Se le veía ansioso por retomar los bailes, a pesar de que siempre había preferido las baladas, pero se lo tenían prohibido al menos hasta finales de semana. El doctor le había retirado el vendaje, pero la compañía no quería arriesgarse.

A pesar del torrente de emociones que sentía Niel, no se le escapaba por alto que Chunji estaba extraño, diferente. Más sumiso, despistado, obediente. Tenía algo rondándole la cabeza desde varios días atrás, más o menos cuando se había peleado con Changjo, y C.A.P le había reñido. Sin embargo, los problemas con el joven del grupo se habían solucionado y él estaba cada vez más taciturno. Niel se preguntó, obligándose así a despejar un poco su mente, qué le pasaría a su compañero y por qué estaría tan extraño.

Retomaron las prácticas tras diez minutos de descanso, y Niel ya no tuvo tiempo de preocuparse por nada ni nadie más hasta otras tres horas más tarde.

Cuando al fin terminaron los ensayos, se fueron a duchar. Niel llamó nada más salir del agua a su noona para saber cómo estaba. Mientras, Chunji esperaba sentado en la furgoneta sin dejar de mirar su teléfono móvil. Llevaba dándole vueltas a lo mismo desde hacía varios días. No había tenido nuevas noticias de Hwa Young y era normal. Sabía que debía dar él el primer paso, llamar y decirle que lo sentía, que la quería pero no era ese el modo que había querido usar para hacérselo ver. Que en realidad, aunque ella nunca lo hubiera sabido, para él estaría bien seguir como hasta entonces mientras la chica fuera feliz. Pero  que estaba hasta las narices de verla sufrir por hombres que no sabían ver lo que estaban dejando ir, mientras él estaba allí, amándola tanto.

Qué va a saber un niño del amor, le diría ella. Chunji sabía que la chica no le veía de otro modo. Demasiado tiempo juntos, cuidándose y tratándose como familia. Al menos, había intentado que pareciera que él también lo hacía.

Olvidaba en qué momento sus sentimientos se habían convertido en eso, pero desde luego sucedió mucho tiempo atrás, cuando era un adolescente. Él tenía quince años recién cumplidos, y ya estaba presentándose a audiciones para entrar a alguna compañía aunque de momento no había tenido suerte. Hwa Young era una estudiante universitaria ya, y siempre estaba muy ocupada entre trabajos y quedar con otros estudiantes. Sin embargo, al final lograba encontrar un rato para él, verse, quedar, conversar. Cuando eran pequeños, dado que sus padres eran amigos, veía normal verse tanto. Al crecer, se dio cuenta de que quisiera o no sus caminos se separarían, pero que siguieran siendo tan íntimos amigos era muy importante para él. En realidad, de no haber sido por ella, no se habría atrevido a presentarse a ninguna audición.

Fue un día de invierno. Hwa Young llegó al lugar de su cita muy emocionada, sonriendo con todos los dientes y las mejillas sonrojadas a causa del frío. Se le había lanzado encima, abrazándolo con fuerza, besándole las mejillas delante de todo el mundo, aunque desde luego no era una práctica típica en Corea. Estaba exultante de alegría, y cuando le contó por qué, se extrañó al sentir que se le cerraba la boca del estómago: tenía novio. Al parecer era un chico que le hacía algo de gracia, mono, simpático, un poco popular… que le había pedido salir, ¡a ella! Y claro, había aceptado.

Chunji recordaba haber sonreído con vaguedad, mientras el estómago no dejaba de dolerle. Hwa Young nunca había tenido novio hasta entonces, y si ya pasaban poco tiempo juntos, ¿qué iba a suceder a partir de ese momento?

Contrario a sus temores, a las dos semanas de estar con ese chico, Hwa Young le dijo que quería presentárselo. Le había hablado de él, su donsaeng, y quería que su novio y su mejor amigo se conocieran. El novio había accedido contento, aunque a Chunji le sorprendía que aceptase con tanta facilidad conocer a un chico que se llevaba bien con su novia, pero pensó que eso era algo positivo para él.

Por eso, cuando se encontraron, puso su mejor sonrisa, esperando encontrarse con el tipo más enrollado y simpático del mundo. Sus ilusiones se destrozaron pronto, cuando los tres fueron a tomar algo y el novio de Hwa Young casi la obligó a sentarse a su lado, pegados. Ella pareció incómoda unos instantes, aunque se relajó cuando el chico le pasó el brazo por los hombros. Chunji le había dado un sorbo a su bebida,  —una taza de humeante chocolate caliente—cabizbajo.

“Y bien… ¿este pequeñajo es tu gran amigo? Pues no sé qué puede interesarte de él…”

Chunji había sonreído con timidez, sintiendo que la sangre comenzaba a arderle por dentro. Pero decidió aguantar, porque al fin y al cabo, era el novio de su noona.

“Además, tiene cara de chica, ¿cómo puedes tener una piel tan tersa?” había soltado los hombros de Hwa Young para estirarse hasta él y acariciarle la mejilla. Chunji había notado el calor subirle desde el cuello “Mira qué mono, si hasta se sonroja como una damisela. Ah, quizá debería comprarle un vestido…”

Chunji había apretado con rabia la taza entre sus manos hasta sentir que se le quemaban las palmas. Los ojos el ardían. Estaba muy avergonzado, ¿se podía saber qué estaba haciendo ese imbécil?

“¡Pero qué demonios…!” le había escuchado gritar de repente, obligándolo a levantar la vista de la taza y dejar de abrasarse las manos con ella. Con seriedad, sin alterarse lo más mínimo, Hwa Young había vaciado el vaso de agua que el local les había dado nada más entrar sobre la cabeza de su novio. “¡¿Estás loca?!”

“Si estás tan celoso de que tenga un amigo tan joven y guapo, es tu problema. Pero como vuelvas a reírte de él, lo próximo que haré será dejarte estéril. Vamos, Chan Hee.” Y Hwa Young se había levantado, llevándoselo y gritando ante todo el mundo que el estúpido chulesco empapado pagaba la cuenta si quería recuperar la poca hombría que tenía.

Fuera, el frío los recibió y ellos estallaron en sonoras carcajadas.

Había sido en aquel momento, cuando vio a Hwa Young protegiéndolo sin dudar, de su novio, que se había dado cuenta. La quería, ¡estaba enamorado! Y tras cinco años, ese sentimiento prevalecía, cada vez con más fuerza incluso, a pesar de que creyese que no era posible.

Estuvo mirando fijamente el teléfono todo el trayecto hasta casa, y cuando llegaron, se encerró en el baño. Se armó de valor y llamó. En realidad preferiría ir a verla a casa, pero temía que no le dejase entrar. Era un cobarde y lo sabía, aunque al menos estaba dando un pequeño primer paso.

Dejó que el teléfono sonase… fue a colgar al ver que nadie lo cogía, pero al fin la voz de Hwa Young sonó al otro lado, tensa, cansada, ansiosa.

— Dime, Chan Hee.

—Creí que no volvería a escucharte—trató de bromear, en vano—. Noona, ¿estás mejor?

—Cansada, sólo cansada. Sigo esperando los resultados.

—Yo sé que has aprobado… estudiaste mucho, y siempre sacabas buenas notas, ¿cómo puedes no haber aprobado? ¡Eso es imposible!—Hubo un largo silencio. Chunji escuchaba su propia voz resonar en el cuarto de baño, mezclándose con el jaleo que los demás miembros hacían fuera. Supuso que Niel también estaría hablando con Chin Hae. —Noona… estos días han sido terribles. Y yo no podía ir a ti… lo he pasado muy mal. Pasó algo terrible en la compañía y yo…

— ¡¿Estás bien?!—Toda la pesadez y el nerviosismo que Hwa Young le había transmitido hasta ese momento, se disipó al momento para dar paso a la preocupación —¡Chan Hee, ¿estás bien?! Creí que no me contactabas porque… ¡Chan Hee!

—Noona, noona, yo estoy bien. Le hicieron daño a una noona de la compañía muy cercana a nosotros, y tras eso empecé a tener miedo de que te hubiera sucedido algo. Y tú no me decías nada… pero es normal, ¿no? Debes estar enfadada. O sorprendida, ¿nunca lo intuiste?—Hwa Young, al otro lado, sólo suspiró, consternada. — Llevo amándote desde hace cinco años. Sé que el otro día me comporté como un capullo, aprovechándome de que estabas débil, en un momento bajo… estuvo muy mal por mi parte. Pero noona, a pesar de todo, quiero que sepas que lo que dije, es cierto. Lo único que quería es que comenzases a darte cuenta de que soy un hombre. Pero si eso te ha hecho daño, ¡olvídalo! Porque no soportaré esta situación mucho tiempo más.

—Eres muy cruel, diciéndome ahora que olvide lo que me dijiste, porque sabes que no seré capaz.

—Pero te necesito. Quiero verte. — Dijo, con voz lastimera.

—Chan Hee, somos amigos, ¿verdad? Seguimos siendo amigos. Puedes contar conmigo cuando me necesites. Siento no haberte dicho nada estos días. Estaba demasiado confundida. Pero te tomo en serio, ¿vale? Has crecido. No me había dado cuenta, pero has crecido y eres un chico atractivo y…—Ella no continuó hablando, pero él lo sabía. Estaba pensando en el beso. Chunji notó que se le revolvía el interior y su corazón comenzaba a saltar alterado. — Y que debo darme cuenta de que no eres ningún hermanito pequeño para mí. Pero de momento, no puedo verte de otro modo. No así, de repente…

—Lo entiendo, noona… En serio, lo entiendo.

—Pero no tengo ningún problema en que sigamos siendo grandes amigos, como hasta ahora. Yo también te echo en falta, y quiero verte.

— ¿Puedo ir a tu casa ahora?

—Eh, tampoco corras… Creo que aún me dará vergüenza verte hoy. La semana que viene. Te veo la semana que viene, ¿de acuerdo?

— ¡Es una promesa!

—Lo es.

Tras despedirse de ella y colgar el teléfono, Chunji se sintió liberado. Hwa Young no le odiaba. Y a partir de entonces, se daría cuenta de su existencia como hombre. Quizá, con el tiempo, algún día volvería a besarla, y esta vez no sería nada forzado.




Ese día la grabación daría comienzo en un hospital, ya que llevarían a los niños a una revisión pediátrica.

En cuanto los vieron, los críos se fueron a por Changjo y Niel en el caso de Amaia y L. Joe y Ricky en el caso de Zi Yu. Chunji seguía sin solucionar las cosas con Amaia, que aunque lo saludaba, no era como antes, cuando no se separaban ni un momento. CAP, por su parte ya se sentía mucho más cómodo con ambos y ellos podían quedarse con él sin problemas.

— Bien, ¿estáis listos para la revisión? — Ricky los miró a ambos y vio que Amaia palidecía. — ¿Qué te pasa cielo? — Ya no sólo él, sino todos los demás, la miraban preocupados.

— Me dan miedo las agujas. — Lo había dicho en voz baja y agachando la cabeza, como si se avergonzase de ello. Changjo se agachó con rapidez y la abrazó con fuerza mientras le acariciaba la espalda para darle ánimos.

— Tranquila cariño, estaremos contigo todo el tiempo y si te tienen que pinchar, te abrazaremos para que no te duela, ¿de acuerdo? — La niña sólo pudo asentir contra su cuello. Chunji ante esa escena lo pasó mal, porque le hubiese encantado ser el que la consolase, pero ganarse de nuevo la confianza de Amaia llevaría mucho tiempo.

— Creo que será mejor que entremos, nos están esperando. — Niel los trajo de vuelta a la realidad y todos asintieron.

Una vez dentro, buscaron en el cartel la planta de pediatría y se dirigieron al ascensor hasta el tercer piso.

Como no sabían hacia dónde tenían que ir, preguntaron a una enfermera que pasaba por allí y tras recibir las indicaciones le dieron las gracias.

Estaban llegando a la consulta donde los atenderían, cuando en una de las salas Changjo vio a Hee Young hablando con un hombre, otro médico y al parecer se llevaban muy bien. Al ver eso quiso entrar allí y partirle la cara a ese tío. Su inmovilidad hizo que tanto Niel como Amaia lo mirasen extrañados.

— ¿Qué sucede? — CAP, que iba tras ellos no se había perdido detalle de la escena y la mirada que le lanzó fue de lo más elocuente: "No la líes tú también."

— Nada, es sólo que vi a una amiga. — Quería hacerle caso al líder pero estaba tan celoso y tan rabioso que era incapaz de seguir como si nada. Así que optó por un subterfugio para salirse con la suya. — L. Joe hyung, Ricky, esperad. — Los otros se giraron y Changjo alternó su mirada entre los dos niños. — Pequeños, ¿os gustaría que una amiga mía estuviese con vosotros? Es muy buena y los niños la quieren mucho. — Vio cómo los niños se miraban y luego lo miraban a él.

— Vale. — Amaia se encogió de hombros al responder, mientras que Zi Yu sólo asintió sin decir nada más.

— Está bien, voy a por ella, vosotros id adelantándoos. — Changjo estaba exultante. Vio cómo todos salvo CAP, seguían su camino hacia la consulta y cuando lo vio con el ceño fruncido la sonrisa se le borró de inmediato.

— ¿Te crees que no me he dado cuenta de tu cara al ver a la que creo que es tu noona con otro? Será mejor que aprendas a esconder tus celos si no quieres que ella te pille. Y por lo que más quieras, no la líes tú también como hizo Chunji. Ya nos basta que Amaia siga enfadada con él, como para que tú también te sumes a esa lista.

— Yo no estoy celoso. — Su tono defensivo hizo que CAP enarcase las cejas con escepticismo.

— Mira, me da igual lo que sientas por ella, pero mantén esas emociones al margen del programa y de nuestra vida como ídolos. ¿Es que ya se te ha olvidado lo que le pasó a Chin Hae? — Aquel recordatorio hizo que Changjo se pusiese pálido como una hoja de papel y tragase con fuerza. — Bien, ahora que lo has recordado, tienes cinco minutos para hablar con ella pero no la traigas. Ahora, más que nunca, tenemos que proteger a todas las mujeres que son importantes para nosotros y no podemos comportarnos como lo harían Amaia o Zi Yu cuando se encaprichan con algo, ¿lo has entendido?

— Sí, sí, lo he entendido. En cinco minutos estaré con vosotros. — Su voz suave hizo que el líder exhalase aliviado.

— Vais a lograr que me salgan canas antes de tiempo. — Y negando con la cabeza siguió a los demás. — Recuerda, cinco minutos nada más y no crees problemas. — Esa última advertencia se la dijo sin volverse a mirarlo.

Changjo dio media vuelta y se dirigió a la sala donde estaba Hee Young. Seguía hablando con aquel tipo, pero a pesar de estar a punto de explotar, se armó de paciencia para aguantar aquel encuentro. Aunque se aseguraría de que el otro comprendiese que él y Hee Young tenían una relación muy íntima, aunque no tanto como a él le gustaría.

Inspiró con fuerza y llamó a la puerta. Vio que el tipo lo miraba con curiosidad y que Hee Young se volvía para mirar quién llamaba y al verlo allí, sonrió de oreja a oreja.

— ¡Jong Hyun! — La felicidad era patente a pesar de la sorpresa que reflejaba su voz. Él le sonrió y entró sin decir nada. Se fue directo a por ella, sin hacer caso del hombre que los miraba con curiosidad, y la abrazó con fuerza, mientras hundía su cabeza en la curva de su cuello y la besaba con fuerza en la zona donde le latía el pulso. Al levantar la cabeza y mirar al tipo sin dejar de abrazarla, vio que lo miraba divertido. — ¿Se puede saber qué haces aquí? Y por cierto, no me besabas así desde que eras pequeño. Aunque en aquel entonces tu afición era dejarme moratones en el cuello. — Se separó de ella un poco y la miró sonriendo.

— Puede que los niños me hayan contagiado, quién sabe. — Y se encogió de hombros.

— ¿Qué haces aquí? — Se había separado de él pero sosteniéndole las manos.

— Han decidido que traigamos a los niños para una revisión y en eso estamos. Te vi y me he escaqueado cinco minutos para venir a saludarte.

— ¿Cómo? Vuelve ahora mismo con todo el equipo no vaya a ser que te echen la bronca.

— Hyung, ¿no me lo vas a presentar antes de que se vaya? — La voz del hombre hizo que volviesen su atención hacia él, teniendo que aguantarse las ganas de tirarse por el suelo de la risa al ver la cara que se le quedaba al muchacho.

— ¿Hyung? — Y su mirada fue de una a otro.

— Cuando nos conocimos, este idiota pensó que era un tío y tardó bastante en darse cuenta de que era una mujer. Debido a ese equívoco y a que soy unos meses mayor, me empezó a llamar así en broma y hasta hoy. Aunque lo peor es que su novia se contagió de él y también me llama así. — Y lo miró fingiendo enfado, mientras, él, que estaba disfrutando cosa mala con todo aquello, levantó las manos fingiendo rendición. — Kim Hee Chul, te presento a Choi Jong Hyun. — Cuando Changjo escuchó aquel nombre no pudo evitar soltar una breve carcajada que hizo que el otro suspirase exasperado.

— Ahórrate la broma, que ya la he escuchado suficientes veces. Por cierto, encantado de conocerte. — Y extendió la mano que Changjo estrechó con firmeza y fuerza, algo que hizo sonreír al otro de medio lado.

— Lo mismo digo. — Aunque la mirada escrutadora seguía presente.

— Bueno noona, me voy antes de que CAP hyung decida darme una paliza. Por cierto, ¿podría ir mañana a tu casa?

— Sí, claro, trabajo por la mañana, así que por la tarde estaré en casa, ¿te viene bien?

— Sí, ya hemos empezado los ensayos para el nuevo disco, así que hasta la tarde no estaré libre. — Y agarrándola con fuerza por la cintura, la atrajo hacia él y la besó en la mejilla. Beso que ella le devolvió mientras apoyaba las manos en sus hombros.

— Entonces hasta mañana y ahora date prisa. — Y se marchó de allí mientras le sonreía y le dedicaba una leve reverencia a ese otro Hee Chul.

— Ese muchacho es muy interesante. — Su tono de voz atrajo la atención de Hee Young, que se había quedado observando la puerta sonriendo.

— ¿A qué te refieres? Hablas como si supieses algo que yo no sé.

— Quizá, pero no me preguntes porque no te lo pienso decir. Y ahora me marcho, que los recién nacidos me esperan. — Y se marchó con una sonrisa sibilina que dejó a Hee Young bastante nerviosa.

— Este idota siempre con sus misterios. — Bufó y siguió con el papeleo que el jefe le había endilgado.




— Siento el retraso. — Changjo entró haciendo reverencias de disculpa y sonriendo arrepentido.

Todos se volvieron a mirarlo pero los niños fueron los que buscaron a alguien más, aunque al no ver a su amiga decidieron guardar silencio, encogiéndose de hombros, porque para ellos carecía de importancia.

— ¿Cómo va el reconocimiento? — Se había dirigido en voz baja a Niel, que era el que tenía más cerca.

— Bien, de momento sólo les ha hecho algunas preguntas sobre lo que les gusta para que se sientan más cómodos y los ha auscultado.

— Bueno, empecemos ahora con las pruebas, ¿os parece? — El pediatra les había sonreído a los pequeños pero al mirar a los chicos se dieron cuenta de que quería que estuviesen al lado de los niños, así que tanto L. Joe como Changjo se acercaron a ellos.

Lo que más temía Amaia se hizo realidad, iba a haber agujas de por medio, y aunque eran pequeñas, puesto que eran vacunas lo que les iban a poner, no pudo evitar asustarse.

Changjo al ver el miedo que tenía la pequeña, se la puso sobre el regazo y la abrazó, notando cómo ella se agarraba a él con fuerza. Para tratar de tranquilizarla, le empezó a acariciar la cabeza.

— Cariño, tranquila, no pasará nada. Mira, primero le va a poner la vacuna a Zi Yu para que veas que no duele tanto como crees, ¿de acuerdo? — La miró y vio que asentía asustada, para luego levantar la vista hacia el pediatra que asintió comprensivo.

— A ver Zi Yu, deja que te levante la manga. — L. Joe se lo había sentado también en el regazo. El niño extendió el brazo para facilitarle el trabajo y enseguida se lo dejó al aire.

El pediatra le desinfectó la zona y a continuación le clavó la aguja y poco a poco fue inyectándole la vacuna. Zi Yu torció un poco el gesto, pero no se quejó ni lloró.

— ¿Ves? Zi Yu ha aguantado sin problema. Ahora te toca a ti. — Y con delicadeza, Changjo le levantó la manga para que se repitiese la operación. Amaia, que aunque había soportado ver cómo pinchaban a Zi Yu, no soportaba ver cómo la pinchaban a ella y escondió la cara en el pecho de Changjo.

Chunji, que lo estaba observando todo en silencio, apretó los puños, porque deseaba cogerla en brazos y abrazarla con fuerza para consolarla mientras le cantaba una canción.

El trance duró apenas unos segundos y cuando acabó, el médico la felicitó por aguantar sin llorar.

— Bien, ahora os vamos a medir y a pesar, así que venid conmigo hasta aquí.

Los dos padres dejaron a los niños en el suelo, pero lo que ninguno se había esperado que sucediese nunca es que Zi Yu se acercase a Amaia y la besase en la mejilla.

Al ver eso, los seis prorrumpieron en gritos de sorpresa y risas, mientras los dos pequeños se ponían rojos como tomates.

L. Joe fue el primero que consiguió recuperarse, se agachó ante ellos y miró a Zi Yu.

— ¿Te gusta Amaia? ¿Por eso la has besado? — De repente el silencio en la consulta fue sepulcral. Zi Yu estaba muerto de vergüenza, pero enfrentó la mirada de su padre sin dudar.

— No es eso. Sólo le di un beso porque fue muy valiente al no llorar cuando el médico le puso la vacuna. — Aquello hizo que los seis sonriesen como tontos llenos de orgullo. L. Joe lo abrazó con fuerza y el niño le devolvió el abrazo.

— Estamos muy orgullosos de ti. Eres un niño maravilloso. — Y cuando se separó de él, vio que el crío estaba emocionado. L. Joe no quería que aquello acabase en un mar de lágrimas, así que se puso serio y miró a ambos niños. — Y ahora venga, vamos a seguir con la revisión.

La revisión duró un buen rato más y cuando acabaron, se despidieron del pediatra dándole las gracias y haciéndole una reverencia.

Iban charlando divertidos comentando todo lo que había sucedido, cuando de repente a unos tres metros de ellos, vieron cómo un equipo médico empujaba una camilla a toda velocidad. Niel y L. Joe se apresuraron a darles la vuelta a los niños y hacer que los mirasen, pero no se les pasó por alto, cómo tanto Changjo como CAP formaban la palabra noona en silencio. Se apresuraron a mirar, pero ya no les dio tiempo, porque habían girado en una esquina camino del ascensor.

Tras un momento de silencio, volvió la calma y fue Ricky el que lo rompió.

— Creo que será mejor que vayamos a comer. Se hace tarde. — Todos asintieron y salieron de allí rumbo a un restaurante.

La tarde la iban a pasar grabando en una piscina, algo que también había hecho MBLAQ y se encontraron con el mismo problema, no podían entrar en el vestuario femenino.

Cuando por fin Amaia apareció con su bañador, todos prorrumpieron en un coro de alabanzas diciéndole que estaba preciosa. Ella se sonrojó pero sonrió feliz.

CAP se adelantó a Changjo y fue a buscarla para llevarla con cuidado hasta la piscina infantil y que así no le pasase nada.

Los dos niños llevaban sus manguitos puestos, pero ellos querían enseñarlos a nadar sin ellos. Así que crearon dos grupos: Changjo, Niel y CAP con Amaia, mientras que L. Joe, Ricky y Chunji estarían con Zi Yu.

Usaron sus manos y antebrazos para que los niños se echasen sobre ellos y el tercero se puso delante para servirles de guía.

Los niños fueron progresando poco a poco pero tuvieron que parar porque estaban cansados. Volvieron a ponerles los manguitos y se dedicaron a jugar con ellos. Al cabo de un rato, Zi Yu agarró por la muñeca a L. Joe para llamar su atención.

— Quiero ir a la piscina de los grandes. — Aquella petición lo dejó estupefacto.

— Zi Yu, no puedes ir allí, no es seguro para ti, no sabes nadar y te podría pasar algo.

— Zi Yu, papá L. Joe tiene razón, no es un lugar adecuado para que vayas. Ni siquiera es seguro para los adultos algunas veces. — Ricky se unió a L. Joe pero Zi Yu estaba empeñado en conseguir ir a la piscina de los adultos.

— Zi Yu, ¿has pensando en cómo nos sentiríamos si te pasase algo? — Chunji jugó la baza de la culpabilidad pero el crío no cedió un ápice.

— Estaréis conmigo y no me pasará nada. — Golpeó el agua para dar énfasis a su opinión.

Los tres padres suspiraron exasperados, mientras que los otros tres seguían ajenos a todo aquello porque estaban demasiado ocupados jugando con Amaia.

— Ahora vuelvo. — Y saliendo del agua, Chunji fue a hablar con los padres y el director del programa.

Al final se decidió que podía ir y Chunji volvió a la piscina desmoralizado.

Los otros se habían percatado de la salida de Chunji y al ver las caras serias que tenían y cómo miraban con reprobación a Zi Yu, se acercaron a preguntar. A ninguno le hizo gracia la idea del crío y menos gracia todavía que hubiesen accedido a que fuese a la piscina de los adultos.

— Yo me quedaré con Amaia, vosotros dos id con ellos por si acaso. — Changjo tenía a la cría cogida de la mano y miraba preocupado a sus hyungs, que salían de la piscina enfadados.

— Los papás están enfadados. — Amaia había esperado a que se fuesen todos para hablar. Changjo la miró preocupado, antes de sonreírle a modo de disculpa.

— Es lógico, tenemos miedo de que le pueda pasar algo por culpa de ese encaprichamiento. Y dime, ¿quieres volver al tobogán? — La vio sonreír mientras asentía con fuerza.  La llevó hasta el borde la piscina y cogiéndola en brazos, la depositó en tierra firme. Él se fue hasta el final del tobogán, para en cuanto llegase al agua, cogerla y evitar que se atragantase.

Mientras, en la piscina de los adultos, L. Joe y Ricky lo habían ayudado a entrar en la piscina sosteniéndolo de las manos mientras bajaban la escalera hecha dentro de la piscina y que tenía una barandilla al lado para sujetarse.

Los otros tres estaban dentro del agua esperando y lo rodearon para que no le pasase nada. Aunque llevaba los manguitos puestos, cuando se trataba de niños, todas las precauciones eran pocas.

Tardaron en hacer los dos largos, el de ida y el de vuelta, porque tuvieron que parar varias veces para que Zi Yu cogiese fuerzas. Mientras, ellos estaban al borde de un ataque, deseando salir de allí y volver a la piscina infantil.

— Zi Yu, hora de volver a la otra piscina. — La dureza y determinación de la voz de L. Joe le dejó claro que no había lugar a discusiones. Así que volvieron a la piscina en silencio y dando gracias por haber pasado ya el mal rato.

Cuando volvieron, vieron que Changjo y Amaia estaban jugando con una pelota y una canasta flotante y se lo estaban pasando en grande. Todos miraron a la cría con anhelo, ella nunca les daba problemas.

La grabación continuó durante otra hora más, hasta que al final todos acabaron tan agotados que no podían más.

Tras montar en la furgoneta que los llevaría de camino a casa, todos se quedaron dormidos. Aquél había sido un día muy duro.

Al día siguiente volvieron a los ensayos y aunque acabaron tarde, Changjo, decidió ir a casa de Hee Young. Se duchó deprisa y se camufló lo mejor que pudo para salir de allí sin que las fans se diesen cuenta, no quería que se volviese a repetir lo de Chin Hae.

Salió por la puerta trasera de la empresa, asegurándose de que no había nadie por allí y ya en la calle, cogió un taxi para ir a su casa.

CAP lo había advertido otra vez, pero le aseguró que iría con pies de plomo y así había sido, nadie lo había visto irse, era libre.

— Pensé que ya no vendrías.

— Yo también me alegro de verte. — Su tono ácido la hizo fruncir el ceño.

— ¿Se puede saber qué te pasa? — Había girado la cabeza para preguntarle mientras se dirigían al salón.

— Los ensayos de la coreografía llevan mucho tiempo. — Se dejó caer en el sofá suspirando de agotamiento.

— Ayer se me olvidó felicitarte por el nuevo disco, así que, felicidades. Por cierto, ¿te vas a quedar a cenar?

— Gracias y, ¿puedo? — Sus pucheros le hicieron poner los ojos en blanco mientras suspiraba exasperada.

— Deja de ponerme esa cara de gatito abandonado, levanta el trasero y ven a ayudarme a la cocina, que no soy tu criada.

— Guau, qué genio tienes noona. — Y se levantó sonriendo para seguirla.

— Por cierto, escuché que uno de los empleados de vuestra empresa tuvo un accidente, ¿cómo está? — A Changjo se le borró la sonrisa, quedándose petrificado con las manos debajo del grifo.

— Jong Hyun, ¿qué sucede? — Hee Young vio cómo seguía con la mirada perdida, sin hacerle caso, estaba pálido y había empezado a sudar, mientras un estremecimiento lo recorría de arriba abajo.

— Jong Hyun… Jong Hyun… — Seguía sin responder aunque lo zarandease y casi gritase su nombre. Se empezó a preocupar, cerró el grifo y le agarró las manos con un trapo para secárselas mientras lo conducía a la mesa, donde él se dejó sentar. Ella se sentó a su lado pero él seguía viendo algo que ella no podía y eso lo estaba destrozando. Decidió esperar a que se recuperase y tras cinco minutos de espera lo hizo. Y cuando la miró, vio que en sus ojos había mucho dolor, miedo, desesperación y rabia.

— Noona… ¿te ha pasado algo extraño últimamente? — Su voz era estrangulada y tuvo que tragar con fuerza para no quedarse sin ella.

— Jong Hyun, ¿qué sucede? Me estás asustando.

— Dime si te ha pasado algo raro, por favor, y piénsalo con cuidado. — Su urgencia y la fuerza con la que le agarró las manos, la hizo mirarlo azorada, pero se concentró en lo que le pedía, repasándolo todo.

— No, no ha habido nada raro, todo ha estado como siempre, ¿por qué? — Estaba nerviosa, intuía que algo grave había pasado y que lo del accidente del trabajador era mentira.

Vio que él agachaba la cabeza y suspiraba aliviado.

— Menos mal, estás a salvo. — Le sonrió aliviado, pero eso no le sirvió.

—  Más vale que me expliques lo que ha pasado antes de que te arree un pescozón. — Él no pudo evitar sonreír resignado. Ella siempre reaccionaba así cuando estaba preocupada y nerviosa, pero enseguida se puso serio.

— El accidente del que se habló, es mentira. La verdad es que una sassaeng de Niel le dio una paliza a su noona, que es Secretaria de Dirección en nuestra empresa. La mano derecha de nuestro presidente. — Vio cómo palidecía y sus ojos se llenaban de temor. — Por suerte no tiene lesiones demasiado graves, pero tendrá que guardar reposo un tiempo. Fue un verdadero milagro. — Su voz se debilitó mientras volvía a recordar el momento en que la encontraron, su estado y el de Niel al verla.

— ¿Han podido identificarla?

— No, de momento no sabemos nada de ella. Y por eso estamos preocupados por vosotras.

— ¿Nosotras?

— Sí, tememos que os puedan localizar y haceros daño por nuestra culpa. — Y agachó la cabeza, derrotado. De repente notó cómo Hee Young le soltaba las manos y lo agarraba por los hombros girándolo hacia ella para que la enfrentase.

— Jong Hyun, escúchame bien. Vosotros NO tenéis la culpa de eso. Esas crías están locas, en casa pasan de educarlas y controlarlas y luego, claro, si pasa algo por su culpa, hay que pedirles perdón.

Pero las cosas no son así, ellas no pueden ganar siempre, hay que pararles los pies como sea. Y desde luego, a mí no me van a amedrentar. Seguiré con mi vida de siempre y tú podrás seguir viniendo por aquí como hasta ahora,y si nos apetece salir por ahí lo haremos. No tenemos por qué escondernos, no hemos hecho nada malo.

Todos vosotros tenéis derecho a tener vuestra vida privada y NADIE puede venir a deciros qué hacer con ella.

Sólo os debéis a vuestras fans encima del escenario, cuando os bajáis, volvéis a ser unos chicos normales y corrientes, ¿lo has entendido? — Todo eso, hizo que se emocionase. Apartó la mirada, pestañeó con rapidez para deshacerse de las lágrimas y carraspeó con fuerza.

— Noona, tendrías que haber sido general en vez de médico. — Le sonrió de medio lado, aunque todavía le faltaba confianza.

— En cierta manera lo soy. Mi trabajo requiere dar órdenes y que éstas se obedezcan. — Su tono petulante logró hacerlo sonreír divertido. — Venga, levanta ese trasero y ayúdame con las cosas. —Él asintió y así se pusieron manos a la obra, mientras hablaban del programa, del próximo disco y del trabajo de ella.

Ya les quedaba poco por recoger, cuando le dijo que se fuese al salón, que ya acaba ella.

Al sentarse, observó que en la mesa había un catálogo de ropa interior femenina y lo cogió para mirarlo, mientras se preguntaba qué estilo le gustaría llevar a Hee Young.

— ¿Tienes novia y no me lo habías dicho? — Su pregunta divertida lo hizo pegar un pequeño bote. Se había puesto a su espalda y lo había pillado mirando el catálogo.

— Me has asustado. Y no, no tengo novia, lo sabes de sobra. — Estaba molesto y estaba claro que ella no lo tenía en cuenta como hombre.

— No dejes de mirarlo, no hay nada malo en lo que haces. — Se movió hasta sentarse a su lado, con una pierna doblada sobre el asiento y la otra en el suelo, quedando de lado, por lo que de ese modo tenía una buena visión tanto de él, como del catálogo. — ¿Quieres que te dé una pequeña clase sobre lencería femenina? Así, cuando tengas novia, sabrás qué es lo que debes y no debes regalar. — Ella le sonreía divertida y él la miraba azorado.

— ¿Qué?

— Lencería femenina. No es ningún delito que los hombres queráis aprender sobre ese tema. Debería ser algo natural, en vez de ser visto casi como algo tabú. — Su desprecio era patente y lo hizo sonreír. — A ver, déjame ver en qué página estás. — Se acercó más a él, provocando que notase sus pechos pegados a él. Tragó con fuerza y trató de relajarse, hacer como si nada pasase. — Oh, esos conjuntos no están nada mal, siempre y cuando la que los lleve tenga poco pecho. — Él la miró sorprendido.

— ¿A qué te refieres?

— Fíjate. — Y señalando las diferentes piezas se lo explicó, alternando su mirada entre él y los modelos. — Están hechos de encaje con bordados y tienen unos tirantes muy finos. Si una mujer con pecho abundante llevase eso, en dos días se quedaría sin sujetador.

— ¿Las mujeres con mucho pecho no pueden llevar ese tipo de sujetadores? — Estaba empezando a sentirse fascinado con esa charla.

— Podrían si la copa del sujetador estuviese hecha de otro material y los tirantes fuesen algo más anchos y resistentes. Los de estas dos hojas son un poco más gruesos que una hebra de lana.

— ¿Entonces hay una lencería para las mujeres con poco pecho y otra para las que tienen mucho pecho?

— Verás, las que tienen poco pecho, pueden llevar el modelo que les dé la gana, porque no acabarán con los pechos caídos. En cambio, las mujeres que tienen bastante o mucho pecho, necesitan unos sujetadores que se los mantengan erguidos y que no se les acabe cayendo y llegando a la cintura. — Esa idea hizo sonreír divertido a Changjo, lo que provocó que ella le diese un pequeño puñetazo en el hombro. — No te rías. En Corea no es normal que las mujeres tengan mucho pecho, aunque algunas se someten a implantes mamarios para lograrlo. Pero en occidente, te puedes encontrar a mujeres con pechos grandes y naturales cada dos pasos. — Hee Young pasó la página por él y procedió a explicarle los siguientes modelos.

— Mira, estos tienen copa. De ese modo, el pecho se ve más redondeado y se eleva. Viene a ser como el wonder bra pero sin relleno. Aunque algunos modelos con copa llevan para añadir relleno. Así el tamaño del pecho parece mayor.

Ah, y las que tienen mucho pecho también pueden usar sujetadores reductores, haciendo que parezca que tienen una talla menos de la que en realidad llevan.

— Vaya, desde luego hay mucho donde elegir. — Changjo trataba de darle a su voz un tono casual, como si no estuviesen teniendo esa conversación, pero no lo logró y ella sonrió divertida.

— Pues eso no es todo. Si una mujer elige llevar un sujetador con bordados, tiene que llevar una ropa que no le marque el diseño. Así que si se opta sólo por una camisa o una camiseta, lo mejor es evitar esos sujetadores.

Luego está el caso de llevar prendas blancas o de colores que transparenten. En ese caso, la opción que hay que elegir son los sujetadores en color visón, porque no transparentan. — En ese momento, Changjo le miró los pechos, aunque se sonrojó y retiró la mirada de inmediato. — Vamos, haz la pregunta, sé que te mueres de curiosidad por saber. — Vio que se ponía aún más rojo, pero aún así, levantó la cabeza y la miró de frente.

— Yo... Noona… esto… ¿llevas uno de color visón? — Si creía que alguna vez se podría morir se vergüenza, sería en ese momento.

— No, no lo llevo. La camiseta es lo suficientemente tupida para que pueda llevar otro tipo de sujetador. En este caso llevo uno a cuadros, amarillo y blanco. — La imaginación de Changjo empezó a desmandarse y si Hee Young llegaba a enterarse, lo más seguro es que le diera la patada para no volver a verla. — Ah, otra cosa, cuando compres lencería para una mujer, asegúrate de si es de piel sensible o no.

— ¿A qué te refieres? — Le estaba costando no volverse loco ante todo lo que estaba escuchando e imaginando.

— Verás, hay mujeres que tienen una piel muy sensible, así que eso de llevar bordados, tules y puntillas es un infierno y les destroza la piel. Aunque claro, hoy en día hay puntillas que no producen alteraciones, pero por si acaso, más vale prevenir. — Vio cómo otra pregunta se formaba en sus ojos pero no se atrevía a hacerla. — Jong Hyun, cualquier pregunta que tengas, sea del tema que sea, házmela. Yo no me cohíbo como le pasa a la mayoría. Conmigo puedes hablar en completa libertad. Si puedo ayudarte, ten por seguro que lo haré. — Vio que inspiraba hondo antes de preguntarle lo que le rondaba la cabeza.

— Tú… tú… Bueno… Esto… ¿eres de piel sensible? — La vio sonreír divertida y él se avergonzó aún más.

— No, puedo aguantar tules, puntillas y bordados sin problemas, pero prefiero los diseños cómodos y simples. Me temo que sería una mala seductora en cuanto a ropa interior se refiere. — Y sonrió resignada. Changjo, por su parte pensaba que no podía estar más equivocada, porque a él hacia años que lo había seducido y sin proponérselo.

— A lo mejor no a todos los hombres les van los diseños tan elaborados de la ropa interior. — Su tono dubitativo hizo que le sonriese de medio lado.

— Jong Hyun, no hay hombre heterosexual que se resista a una mujer con un conjunto de lencería negra llena del artificio que dices que no les va. Aunque también puedes añadir el rojo, es otro de vuestros fetiches. — Aquella pulla lo hizo saltar.

— No me metas en el mismo saco. He visto esos modelos que dices y no me llamaron la atención. Al igual que tú, prefiero los modelos sencillos, me parecen más atractivos.

— Oh, vaya, al final voy a hacer de ti todo un experto en lencería femenina. — Lo escuchó rezongar mientras seguían viendo el catálogo. — Mira, otra sección importante, los sujetadores deportivos. Éstos carecen de aros metálicos, que ayudan a dar una forma más bonita al pecho. Están hechos de materiales especiales para que a la hora de la práctica de cualquier deporte o ejercicio, los pechos no estén en plan sube y baja. Más que por razones estéticas, que pesan bastante, por tema de salud, ya que así se evitan dolores en ellos.

— ¿Tienes alguno de este tipo? — Esta vez se había armado de valor y su sonrojo ya no era tan grande.

— Sí, los tengo y me encantan, porque estoy comodísima con ellos, sobre todo cuando me está por venir la regla, porque esos días tengo los pechos mucho más sensibles, sin olvidarme del dolor, y llevar uno de aros es bastante molesto. — Aquella mención a la regla hizo que el sonrojo que no había sufrido antes, lo sufriese en ese momento. Hee Young lo vio, pero decidió ser buena y no avasallarlo con una clase sobre ese tema.

— ¿Y eso es todo sobre lencería femenina? — Esperaba que aquello acabase, porque lo estaba pasando muy mal.

— No, también está el tema de la parte inferior de los conjuntos. — Lo vio palidecer ante esa nueva charla, así que le explicó con rapidez cómo iba el tema y al igual que pasó con los sujetadores, le explicó sus gustos, sin que él le preguntase, al ver cómo la curiosidad invadía sus ojos.

Siguieron mirando todos los modelos, opinando tan sólo si les gustaba o no y como él le había dicho antes, demostraron tener gustos similares, por no decir iguales.



Una hora más tarde decidió que tenía que marcharse, puesto que ambos tenían que empezar a trabajar muy temprano y necesitaban descansar.

— Noona, desde luego esta charla ha sido de lo más interesante y reveladora. Gracias por enseñarme. — Aún estaba avergonzado, pero su confianza había crecido, ya que ella había logrado que se relajase y hablase del tema casi con total normalidad.

— La próxima vez lograré que no te sonrojes.

— Ahora en serio. Noona, mantente vigilante por si acaso y lleva el teléfono siempre contigo. No quiero que te pase lo mismo que a Chin Hae noona. — Y tras decir eso, la abrazó con fuerza.

— Tranquilo, no me pasará nada, estaré bien. — Le estaba palmeando la espalda mientras decía eso para relajarlo y que no se preocupase. Él se separó de ella y la miró con seriedad.

— Noona…

— Tranquilo, tranquilo, haré lo que me dices. Te enviaré mensajes cuando salga de casa, llegue al trabajo, a mitad de la jornada, cuando salga y cuando llegue, si así te quedas tranquilo, ¿está bien? — Ahora era ella la preocupada al ver el miedo en su mirada y sentir la tensión en su cuerpo.

— Hazlo. Lo digo en serio. Y ahora vete a descansar, mañana tendrás mucho trabajo. — Y la besó en la frente durante un momento más de lo acostumbrado, aunque ella sonrió feliz.

— De acuerdo y tú en cuanto llegues a casa, avísame. Porque al igual que tú te preocupas por mí, yo lo hago por ti, aunque no lo demuestre siempre. Te quiero, te quiero mucho y no quiero que a mi donseng le pase nada. — Aquello le dolió, porque sí, lo quería, pero para ella no era un hombre.

— Yo también te quiero noona. Buenas noches. — Y se fue de allí con una gran sonrisa, aunque en cuanto salió, la tristeza lo invadió. Se volvió hacia la puerta y añadió en voz en voz muy baja. — Tú me quieres, pero yo te amo y me pregunto si alguna vez lograré que me veas como yo lo hago. — Y tras eso, se marchó al piso.






Empezaba una nueva semana, y L. Joe se mantenía en silencio, observando a los demás miembros del grupo que llamaban cada dos por tres preocupados a sus noonas, o pedirles que vigilasen cuando iban a verlas. Park Chin Hae recibiría el alta al día siguiente, y sabía que en cuanto acabasen de grabar el programa con los críos, Niel iría corriendo a reunirse con ella. Sonrió ante este pensamiento mientras tiraba a la basura la lata del refresco que acababa de beberse. Todo aquel ajetreo y desasosiego los unía y a la par, los separaba. Lo primero, porque la preocupación hacía que hablasen más del tema, y lo segundo, porque estaban siempre preocupados por las chicas. Y él, que no tenía noona, sólo podía darles su apoyo en silencio para lo que necesitasen.

A veces pensaba que podría ir a ver a Cho Hee y hacer como ellos, pero sabía que lo único que conseguiría en realidad sería ponerla en peligro. Aún no habían localizado a la sassaeng, y aunque lo hicieran, ¿cuántas más habría? En momentos como ése, se arrepentía de ser famoso, imaginándose lo tranquila que sería su vida si siguiera estudiando y viviendo como un adolescente normal.

Fue mientras pensaba en ello, que su teléfono móvil comenzó a sonar. Le cogió sin prestar atención porque estaba muy metido en sus propios pensamientos, y cuando miró la pantalla el número que le apareció era desconocido para él. Dudó si cogerlo. A veces las fans conseguían sus teléfonos, les llamaban y molestaban, por lo cual sólo les quedaba cambiárselo y esperar que no volviera a suceder.

Se armó de valor, llevado por la curiosidad, y atendió con un escueto “diga”.

—Mm… ¿Byung Hun?—preguntó una voz insegura al otro lado. La reconoció al instante, a pesar de haberla escuchado muy pocas veces, pero… ¿en serio existían aquel tipo de casualidades?

— ¡¿Cho Hee?!—Se dio cuenta de que había sonado demasiado emocionado, así que se obligó a tranquilizarse. Se sentó en un banco que vio en el pasillo. Llevaba todo el día ensayando y había salido a beber algo y estirar un poco las piernas.

—Vaya, me has reconocido, —se la imaginó sonriendo débilmente al otro lado del teléfono—pero me gustaría más que me llamases noona.

—No lo voy a hacer, —bromeó él, poniéndose serio al instante— ¿ha pasado algo?—hubo un breve silencio.

—No…bueno… es sólo que…—La muchacha resopló al otro lado, confundida y nerviosa.— Como hace días que no vienes, quería saber cómo estabas.—L. Joe sintió que el corazón le daba un brinco dentro del pecho. En los últimos días, la pena y soledad que de por sí sentía muchas veces se había visto atenuada. Cada vez más alejado de sus compañeros, sin poder compartir del todo ese sentimiento de preocupación, y por lo tanto sólo pudiendo mirar desde un lado, sin amigos con los que reunirse para charlar un rato y sólo practicando, comiendo y durmiendo… que alguien, de repente, mostrara preocupación por él fue como encontrar agua en medio de un desierto.

—Te hubiera llamado. Pero no tenía tu teléfono. Es que he estado… ocupado.

— Lee Hyun Su me ha preguntado por ti también. Sólo te ha visto una vez, pero le causaste muy buena impresión. Y te aseguro que eso no es fácil. Cuando no estés tan ocupado, no estaría mal que te pasaras por aquí…

— ¿Estaréis esta noche?—Es peligroso, Byung Hun, es peligroso, decía una voz en su cabeza. Pero… pero quería verla. A esa persona que le llamaba, se preocupaba por él y hacía que su corazón latiera exaltado. Porque no recordaba haberse sentido así en mucho, muchísimo tiempo.

— ¿Vas a venir?

—Si vais a estar… —Esa conversación comenzaba a carecer de sentido. Estaba claro que si uno acudía, el otro estaría allí también. — Nos vemos esta noche. —no tenía por qué ser peligroso. Nadie iba a descubrirlos.



Cuando le dijo a C.A.P que iba a pasar la noche fuera, el líder lo observó unos instantes en silencio, suspiró y le palmeó el hombro, diciéndole como siempre, que recordase regresar a tiempo por la mañana. Él le prometió que así lo haría y se marchó como una flecha a la sauna. Cuando llegó, saludó y se cambió, fue directo a buscar a la chica y al niño en la sala comunitaria. Fue algo difícil, ya que todos vestían igual, pero al fin los localizó en un rincón, rompiéndose el uno a la otra, huevos en la cabeza y comiéndoselos. Llamó a Cho Hee con cierta ansiedad en su voz, y al girarse, pudo ver que sus ojeras se acentuaban y que había adelgazado. Parecía cada vez más pequeña y frágil. Y cada vez, él tenía más ganas de abrazarla y protegerla de lo que fuera que la hacía llorar.

—Buenas noches, —le dijo, sin embargo— ¿habéis cenado?—Señaló con la cabeza los huevos.

—Un aperitivo. Mientras esperamos. —Respondió ella. A pesar de que sólo se habían visto un par de veces, y la segunda casi parecía más bien un sueño, podían hablarse con total naturalidad. No estaba acostumbrado a eso.

— ¿Esperar? ¿El qué?

—A ti, porque seguro que no has cenado tampoco, ¿verdad?— Lee Hyun Su seguía pareciendo mayor de lo que en realidad era, incluso cuando hablaba. Mantenía la espalda erguida, y le hizo pensar que sólo se relajaba cuando estaba a solas con su hermana o cuando dormía.

—Pero…

— ¡Venga, vamos!—la chica no le dio tiempo a decir nada más, levantándose y palmeándole la espalda de manera amistosa. El contacto de su mano le hizo sentir que el calor le recorría todo el cuerpo y que se sonrojaba ligeramente. No estaba acostumbrado a que le tocase ninguna chica. — Tengo mucha hambre, y seguro que vosotros también. —Le dio la mano a su hermano pequeño y fueron al bar donde se habían conocido. Como la vez anterior, la mujer se acercó a hablar con ella y L. Joe se percató de que le miraba y sonreía un par de veces, por lo que le dedicó una pequeña inclinación de cabeza. Al fin se sentaron los tres juntos y pidieron algo de comer. Se entretuvo hablando con Hyun Su, dándose cuenta de que cuanto más lo hacía, más parecía tener la edad que tenía. A fin de cuentas, era un niño.

Comieron con tranquilidad, sin prisas y con risas. Le pareció increíble poder carcajearse con tanta naturalidad, y aunque esperaba que ella también fuera más reticente, se mostró igual de contenta con la situación. Supuso que al igual que él, Cho Hee también buscaba un amigo en el cual apoyarse.

—Es hora de ir a dormir. —Anunció Hyung Su, cuando acabaron el postre. Intentó decirlo manteniéndose alerta, pero se le iban cerrando sus ojos y su aviso hizo reír a los dos mayores. L. Joe se lo cargó a la espalda, aunque el niño se mostró tímido al principio. Lo llevó al cuarto de baño antes de ir a uno de los cubículos, y lo dejaron con cuidado pues ya se había abandonado en los brazos de Morfeo. L. Joe sintió el pelo de la nuca erizársele cuando notó los brazos de la chica a su alrededor para descolgar al pequeño, y se preguntó por qué reaccionaba todo el rato de esa manera.

— ¿Dormirás aquí al lado, verdad?—Preguntó sonriendo Cho Hee. — Esta vez espero que por la mañana podamos despedirnos de manera normal.

—Tengo que madrugar.

—Y yo.

— ¿Entonces me despertarás si me duermo?

— ¿Y si nos dormimos los dos?

— ¡Que nos despierte Hyung Su!—Exclamaron a la vez, echándose a reír en voz baja para no despertar a quienes ya dormían. De repente, Cho Hee levantó el brazo y le acarició la mejilla con suavidad, esbozando una sonrisa profunda en su rostro. Fue algo breve, muy efímero, y sin embargo ante sus ojos sucedió a cámara lenta.

—No es algo que haya dicho nunca y no pienso repetirlo pero… Me alegra haberte conocido. —L. Joe quiso agarrar su brazo, retener la mano sobre su mejilla, atraerla hacia él, abrazarla, estrecharla con fuerza… Un torrente de sentimientos que entendía, pero no comprendía. Cho Hee estaba provocando cosas dispares y únicas en él, y no estaba acostumbrado. —Buenas noches. —Dijo la chica, antes de tumbarse en uno de los cubículos también. Él se obligó a mover las piernas y tumbarse, sabiendo que por más que lo intentase, no lograría conciliar el sueño.

Estirado, se acarició la mejilla donde habían estado durante unos segundos las yemas de los dedos de Cho Hee.

Una vez, hacía muchos años, creyó estar enamorado de una chica china llamada Ángela. Hizo lo posible por gustarle, aunque la cosa no salió bien. Era joven, tan joven… y ese sentimiento que le pareció tan fuerte, en realidad fue nada más que un soplo de verano. Excitante, atractivo, interesante, pero… desapareció tal y como había llegado.

Y ahora, conocía a Cho Hee. Y se daba cuenta de que quizá, y sólo quizá… ese soplo de verano acudía de nuevo, con la fuerza de la madurez, más exaltado, potente y furioso que nunca. Apretó la mano contra su mejilla… ¿Y si se estaba enamorando?



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